Saltimbanco

No es que yo disfrute la mentira o tampoco que se me de fácilmente, pero es un misterio. Tal vez, es porque soy capaz de retener en mi cabeza, información que no me sirve para nada: Sabían que una hoja, cualquier hoja, no se puede doblar por la mitad más de nueve veces…

En lo que vuelven los que se fueron a doblar hojas, les confieso que soy muy buena para decir mentirillas. Y estoy convencida que esto se debe a que no todo lo que digo es mentira. El otro día me preguntaron: “¿Cómo se llama la esposa de Michael Jordan?” Y así como si de verdad estuviera cien porciento segura dije: “Juanita”… ¡No Juana: J U A N I T A! Y todavía me la hicieron de pedo porque contesté muy segura. Y digo, ¿entonces para qué me preguntan?

Cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue verificar que fuera cierto, ¡y sí! Sí se llama Juanita. A veces hasta me asusto de mi misma. El pedo es que cuando no se algo también me hago la segura. Un día me llama a la oficina una amiga me dice:

Morra, ¿qué es un Saltimbanco?

Yo inmediatamente me puse cómoda, subí los pies arriba del escritorio y comencé a mecerme en mi silla. Le dije:

“Ah pues mira, un Saltimbanco es una criatura mitológica, la neta no me acuerdo de qué cultura, pero se parece al dragón chino y creo que es de varios colores y se le adjudican poderes mágicos. Si alguna vez te topas con un Saltimbanco tienes asegurada la felicidad por el resto de tus días, incluso, el Cirque du Soleil tiene un espectáculo dedicado a esta criatura… como el Cirque du Soleil es francés, me imagino que el Saltimbanco ha de ser una criatura mitológica europea de esos lares del mundo… y ya te voy a colgar porque tengo que hacer como que trabajo.”

La muy ingenua todavía me dio las gracias y me dijo que los niños de su clase le habían preguntado y que al rato les platicaba la historia que le acababa de contar… Al rato me dio en cara que no estaba tan segura de todo lo que le había dicho y me puse a buscar en Wikipedia. Encontré que un Saltimbanco era en realidad un tipo de merolico italiano. Le hablé inmediatamente para leerle lo que había encontrado.

Después de haber enmendado mi error todavía me la hizo de pedo por mentirosa. Me dijo que jamás me volvería a creer nada de lo que yo le contara… me pregunto qué dirá cuando se entere de que un Saltimbanco tampoco se trata de un merolico. Y que en realidad es un Saltimbanqui el que viene del italiano “saltimbanchi”, que es una palabra formada a partir de la expresión “salta in banco”  (salta sobre un banco) que hace alusión a los feriantes o cómicos “de la legua” que andaban de pueblo en pueblo con un banquito sobre el que hacían sus juegos y acrobacias. O sea, mentira, lo que se dice mentira… pues no fue exactamente lo que hice, pero tampoco le dije la verdad completa. Creo que va a seguir sin creer nada de lo que yo diga.

¿Y qué paso con la dobladera de hojas, pudieron más de nueve veces?

No se murió el amor

El otro día me encontré a un güey que conozco desde que tengo 7 años. Nunca había platicado con él, pero en este pueblochicoinfiernogrande es muy común conocer a gente con la que no llevas una relación.

En un muy raro gesto de cortesía, me dio por felicitarlo por su recién contraída nupcia…  La vieja con la que se casó, también la conozco desde que tengo 7 años. No se nada de ella pero igual creí conveniente enviarle mis felicitaciones. Entonces ahí voy de pendeja, muy contenta y le digo:

“Oye felicidades supe que te casaste con esta vieja, ¿qué curado no? Se conocen desde niños… ni se imaginaban que iban a terminar siendo el amor de sus vidas, ¿verdad?” El hombre me contestó como si le hubiera preguntado qué hora era y me dice:

“Ah si, pues es que la morra está bonita y ya había andado de novio con ella… pues me casé”. Yo, como que no estaba entendiendo si era broma o de verdad era así de cabrón. En realidad tiene cara de pendejo… así que no supe cómo ubicar su comentario. Además esta chaparrisisísimo… entonces, no es quién para expresarse de esa manera. ¡Al menos no en mi mundo!

En otro momento lo hubiera interrumpido y lo hubiera salvado de seguir hablando pendejadas, pero de un tiempo acá me da hueva salvar a la raza de sus propias tumbas… entonces me quedé callada y el amigo continuó diciendo:

“Si o sea… como que me daba hueva casarme pero pues ya era la segunda ronda y pues ni pedo, me tuve que aventar. Pero no vamos a tener hijos todavía porque ella gana muy poquito, entonces vamos a esperar a que esté mejor la cosa”…

 La neta no estaba esperando que me dijera que amaba locamente a su esposa o que tenía una gran ilusión por su nueva etapa en la vida. O sea: ¡¡No lo conozco!! Pero tampoco estaba esperando esta pinchi respuesta tan amarga. Se que esto del enamoramiento en el cerebro dura máximo 3 años y después es la chinga de trabajar en las relaciones y blah blah blah… pero o sea ¡no mames! No se porqué me dijo tales cosas, además de confesarme otras frustraciones de su vida que no escuché porque fue tanto mi shock que en mi cabeza Manuel Mijares cantaba: “NO SE MURIÓ EL AMOR… AUNQUE NO SIEMPRE RESULTA FÁCIL VIVIRLO A DIARIO ¡¡¡¡NO SE MURIÓ EL AMOR!!!!… Todaaavíííííía”.

Lo mismo me pasó la tercera, última y definitiva vez que corté con un novio que tuve cuando tenía 17… 21… y 24. Después de un “break” de 3 días nos juntamos para resolver la situación e intercambiar regalos navideños (¡pffff que padre ya se!). Le pregunté con mi tono más tranquilo y paciente que si cómo se había sentido en esos tres días. El muymuy me contesta: “Pues la verdad ya no te extrañé tanto como en otras ocasiones… pero ni pedo o sea hay que seguirle a ver cómo nos va”.

“NO SE MURIÓ EL AMOOOOOR, MUY AL CONTRARIO SIGUE AVIVANDO EL DESEO A DIARIO. SIN DESCANSAR JAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁHHHHS”

Desde el fondo de mi corazón le contesté: “¿Y para qué?” Con una cara de “WHAT?”… Y él todavía reiteró: “¡Pues es que ya tenemos mucho tiempo que andamos… hay que seguir a ver qué sale!” Claramente mi respuesta fue: ¡No! Pero nunca entendí porqué fue él, el que se hizo el indignado cuando terminamos.

¿Será que yo me tomo las cosas muy literales? O sea si este güey me dice que se casó con hueva nada más por que su esposa está bonita y porque es la segunda vuelta… nada de eso me dice a mi que él la quiere, o que eso justifica un matrimonio. Y si me dicen que ya no  me extrañan como antes y que hay que seguir porque es mucho el tiempo recorrido, eso tampoco me indica que me quieren. ¿Qué no la base de las relaciones es el amor?

Parece que yo no veo las cosas como son… pero que sarrita ¿no?

De tisher (teacher)

He tenido muchos trabajos. Creo que por que soy inestable y no aguanto mucho tiempo haciendo lo mismo. Sin duda alguna, uno de los trabajos más gratificantes que he tenido fue ser maestra de Inglés. Les di clases a niños de primaria de 9 – 11 años. Amé a los méndigos chamacos hasta que los de once cumplieron doce y se convirtieron en unos preadolescentes respondones y apestosos.

Pero también di clases en una preparatoria donde había puro pinche cholo. Uno que otro chamaco era tranquilo, pero todos los demás eran un desmadre. Cada mañana que iba a trabajar canalizaba a mi Michelle Pfipher interna y sentía que estaba protagonizando la película de “Mentes peligrosas”.  Despertaba con la canción de Coolio, “Gangsta’s Paradise” en la mente y me bañaba al ritmo de: “As I walk through the valley of the shadow of death I take a look at my life and realize nothing’s left…”

Y todo el día me paseaba por la escuela recordando cuando me fui de intercambio a la costa este de E.U.A. creyendo que me iba tocar vivir en Nueva York. Para terminar viviendo en Ohio uno de los pinches estados más pobres del país donde vive… ¡puro pinche cholo! En los pasillos de la “high school” se agarraban a jodazos a diestra y siniestra hasta que uno de los maestros aplicaba una llave estilo “half-nelson” y paraba el pleito. Una de mis compañeritas de aquella escuela me dijo una vez: “See what happens when you come to study in America’s public high schools Daniella”. De ese momento hasta la fecha adopté una actitud chola cuando hablo Inglés…

Por supuesto que las escuelas donde yo di clases no llegaban a taaaaanto, pero definitivamente el año que pase en Ohio fue buenísima preparación para mi trabajo de maestra de Inglés.

Una vez le pregunté a un alumno: “A ver Juan por que no trajiste tu homework”. Y el cabronsísimo chamaco me contesta: “Sabe que tisher a mi me vale verga la jonhuork, ¿cómo la ve?” Eso si muy hablándome de usted…

Otro alumno, el primer día de clases, entré al salón y me dice:  “Tisher deme su número celular para hablarle en la tarde y invitarla al cine…” A lo que yo reaccioné con suma calma y tranquilidad y le dije: “¡¡¡¡TE SALES Y ABRAZAS LA PALMERA QUE ESTÁ AFUERA POR 5 MINUTOS, POR FAVOR!!!! El muchacho reacción un poco aturdido y se salió. Entonces tuve que repetir las instrucciones: “¡¡¡¡ABRAZANDO LA PALMERA!!!!”

Los demás alumnos también reaccionaron aturdidos, pero no me decían nada. Yo comencé mi clase y de vez en cuando volteaba a ver al alumno que había mandado abrazar la palmera. A los cinco minutos sus compañeros comenzaron a decirme: “Tisher, ya son 5 minutos”. Con rapidez le dije al alumno: “Ya puedes entrar”. Los demás no sabían si reírse o no, me imagino que tenían miedo de que también los mandara a abrazar la palmera. En cuanto el alumno se sentó le dije: “¿Todavía quieres mi celular?…” Y claro, la respuesta fue negativa. Está demás decir que jamás volví a recibir ningún ofrecimiento, DE NADIE, en esa escuela.

Aunque ser maestra fue complicado al principio, después se volvió muy divertido. En otra ocasión dos alumnos comenzaron a golpearse cuando iba a empezar mi clase. Los separé y les dije: “A ver, a ver… ¿se van a pelear?” Me comenzaron a explicar las razones que tenían y los interrumpí diciendo: “Ok mátense no me importa, pero afuera en el calorón… ¡órale!” y los saqué 5 minutos a que se pelearan. Por supuesto que estaba consiente de que los 45°C (que gozábamos en pleno verano) les iban a impedir pelearse. Estaban de pie el uno junto al otro tratando de no chamuscarse. Yo desde el interior del salón y con aire acondicionado les decía: “¡Órale pues empújense igual que ahorita!”. Antes de que pasara 1 minuto ya los había metido de vuelta al salón e imperaba la paz y la tranquilidad. No sería raro si el resto de los alumnos me hubieran apodado la “Afueracincominutos”… esa era mi solución para todo.

Al año siguiente no me tocó dar clases en esa escuela, pero a una de mis amigas si. Cuando sacó su laptop y los alumnos vieron una foto de las dos juntas inmediatamente se acordaron de mi y le contaron que yo los sacaba al calorón por todo. Creo que le deje la herencia del respeto/miedo que me tenían.

A pesar de mis técnicas muy poco pedagógicas, mis alumnos aprendían y yo les caía bien. Una tarde después de terminar mi reino del terror y enseñanza se me acercó otro alumno y me dice: “¿Tisher ustes rokera verda?” Yo comencé a imaginarme que lo decía por mi modo de resolver las indisciplinas del salón, por el modo que les explicaba las clases o algo así. Cuando le pregunté porque pensaba eso me contesta: “¡Pues por los Converse rojos que siempre se pone!” Yo en realidad me los había comprado para sentirme como Dorita del Mago de Oz.

La única vez que sí me sorprendí fue cuando a las 7:00a.m. en plena clase y en una escuela más fresa, le pedí a un alumno que se cambiara de lugar porque estaba hablando mucho. El maldito chamaco se levantó, me tiro con el lápiz y se salió del salón.

Fui tras el y le dije: “Vete a la oficina de la coordinadora, ¡por favor!”. El muy ingenuo habiéndose dado cuenta de su agresión me preguntó que si qué le iba a decir… Yo haciendo uso de todas mis capacidades de chantaje, nomás le contesté: Dile porqué te mandé a su oficina. La verdad es que me dio muchísima risa… nunca me habían tirado con un lápiz y menos los pinches cholos a los que les di clases… ellos todo lo contrario, me ofrecían de la cerveza que metían en sus mochilas. Pero este recabrón chamaco me agarró completamente desprevenida.

Lo peor que me paso fue una vez que los alumnos, de la escuela fresa donde trabajaba, se esperaron al final de la clase y me dijeron: “Maestra conocemos el secreto que esconde…” En ese mismo momento se me cayeron los calzones hasta el piso… La conciencia me empezó a recordar de todas mis técnicas disciplinarias anti pedagógicas, de algún error garrafal de gramática que se me paso verificar, o de la vez que observé detenidamente las nalgas de algún alumno. Fingí demencia y les pregunté de qué secreto hablaban. Finalmente después de que casi saco la lista para empezar a bajarles puntos me dicen: “¿Qué piensa de los aretes en el ombligo?”… ¡FIUF! Yo tenía uno.

Después del sermón que les di de que su cuerpo no es suyo hasta los 18 años o hasta que se mantengan solos, salí del salón pálida y paranoica. Realmente creí que alguien de la policía había venido por mi y me llevaban a sentenciarme por maltrato, pedofilia o pendejez generalizada.

Ser maestro es un arte. Ahora entiendo a todos aquellos maestros que me enseñaron, que me disciplinaron, pero sobre todo a los que les saqué el tapón (que fueron la mayoría) porque todo lo que mis recabrones alumnos me hicieron a mi, yo les hice a mis maestros… y hasta puedo decir que yo fui peor.

Anti propósitos

Siempre que termina un año siento esa cosquillita en la panza. La emoción de que algo nuevo y fascinante está por comenzar. Yo soy buenísima para empezar las cosas… empiezo el año con una lista de propósitos orientada a un objetivo para cada mes que me hará una mejor persona.

Este año he decidido mandar a la chingada esa pendejada de la lista de propósitos y por primera vez en mi vida comenzaré el  año siendo sincera conmigo misma. La cosa es que inicio el nuevo año con la más grande de las ilusiones y para septiembre no puedo más con la depresión.

En septiembre cumplo 30 años y seguro me caerá como un jodazo en la nuca, así que me voy a hacer el favor y para mis propósitos de Año Nuevo voy a dejar de mentirme a mi misma. Muy en el fondo creo que aplicarme la psicología inversa puede que funcione. Por lo pronto,  no voy a escribir una lista de cosas pendejas que jamás he podido lograr. Me voy a regalar a mi misma sinceridad.

1.- Pienso dejar de intentar levantarme temprano. Me es físicamente imposible y mentalmente desmotivante. En 29 años jamás lo he logrado creo que hay que saber renunciar a las cosas que nos son completamente imposibles.

2.- No voy a leer ni un pinche libro. Ni modo, me choca saber que hay gente que lee y sí cultiva la mente, pero a mi lo que me gusta es ver pendejadas en la tele para después sentir como si tuviera una ventaja moral para poder criticarlo. ¡Basta de eso!

3.- No haré ejercicio. Creo que no vale la pena perder una o dos horas diarias de mi vida en algo que es inevitable: Envejecer y engordar. Ni modo hay que aceptarse.

4.- No voy a ahorrar… nada. Al fin y al cabo nunca tengo dinero y tengo 2 años queriendo que mágicamente se aparezca un iPad en mi casa. De que sirve ahorrar si de todas formas me lo gasto en pendejadas.

5.- A la chingada con el enriquecimiento espiritual. Tengo 5 años esperando a que se acabe el mundo. Llenándome de iluminación, cuarzos, entendimiento de las leyes de atracción y nomás no atraigo: ¡Pfff!

6.-Comeré mierda. O sea nomás no puedo dejar de comer carne, pollo, grasas, azucares, embutidos y madre y media que no me hace bien. Pues ahora me los voy a comer sin culpa, que es de seguro lo que me hace más daño.

7.- Le voy a decir a toda la gente que me cae gorda. Es verdad, que bonito tratar de ser tolerante… pero no me sale. Y lo peor es que me sale tan mal que se me nota la hipocresía, así que a la chingada con ese propósito pendejo que nunca he podido cumplir.

8.- Echar hueva sin culpa. No que no la eche, pero siempre me siento muy culpable. Entonces voy a sucumbir ante mi naturaleza hedonista y le voy a dar vuelo.

9.- Voy a fruncir un chingo el ceño. Porque a pesar de que he hecho de todo (menos inyectarme botox) esa pinche arruguita en el medio de los ojos sigue creciendo y marcándose. Así que a la chingada con el ceño y con más fuerza si estoy encabronada.

10.- Que me deje de dar vergüenza que todo me vale madre. Pues es que sí, ni modo, ya no se que hacer con tanta alexitimia pero pues ¿qué se hace?… Éste es el año, en el que me valdrá madre que todo me vale madre. ¡Pues qué valga madre!

11.- Dejar de pensar que me puedo convertir en un mejor ser humano. ¡Ya fue! Ya no cambié.

12.- ¿Salud, dinero y amor? Nope… yo digo sexo, drogas y rock & roll, pues ya que.

Y así es como planeo empezar el año. Muy en el fondo todavía tengo ganitas de hacer una lista bien chingona de cosas que aspiro a lograr. Pero voy a reprimir eso y mejor me voy a ir a comer todas las deliciosas sobras de lo que quedo de las fiestas.

Ya no seré famosa

Creo que lo que me mortifica más de cumplir 30 es darme cuenta que ya nunca voy a ser rica o famosa. No porque tenga algún talento magnifico que deba ser descubierto… No canto, ni bailo, ni sonrío bonito, mejor dicho: ¡No tengo ningún talento! Eso si, yo creo que pude haber sido una muy buena modelo… de pies, ¡pero esa madre no existe!

En fin, como todos los mortales he tenido una importante cantidad de encuentros con gente del espectáculo. Pero como yo considero que los famosos son simples mortales igual que yo, me hago la digna y no la hago de pedo al verlos. Peeeeeero como siempre algo me tiene que pasar…

Hace un par de años me encontré en Hollywood a Edward Furlong, que es el niño actor de “Terminator”. Muy tranquila le dije a mi hermano menor (quien tiene obsesión con el cine): “Bernardo, allá está el niño de Terminator, justo atrás de ti… pero no voltees todavía”. Mi hermano casi se muere, pero al mismo tiempo mi papá empezó a gritar como si tuviera un episodio de Síndrome de Tourette: “Terminator, terminaaaaator, terminatorterminatorrrrr”. El pobre de Edward se metió en chinga a un restaurante porque la gente se empezaba a alborotar. Y yo muerta de vergüenza no hallaba cómo hacer que mi papá se callara.

También tuve la oportunidad de trabajar en la producción de una película mexicana. Estaba soñada porque mi trabajo era vivírmela en el aeropuerto trasladando actores o paquetes. Conocí un montón de actores, la más famosa en ese momento era Arcelia Ramírez, yo no tenía idea de quién era ni había visto ni una sola de sus películas. La gente la detenía en la calle, se tomaban fotos con ella y yo en la Luna sin saber qué pedo.

La llevé a comer y estando ahí me dice: “¿Dany me haces un favor?” Y yo gustosa accedí y me dice: “¿Me podrías grabar mis líneas con tu acento porque jamás había escuchado a alguien con tu acento TAN marcado y estaría bueno escucharte para dominar el acento norteño”.

En chinga le contesté: “Si no hablo tan marcado desta…” En cuanto me escuché sentí que estaba hablando como Speedy González. Nada más me faltó terminar la oración con el clásico “yepa yepa”. Arcelia se me quedo viendo así como repitiendo en su mente lo que yo acababa de decir. Ya no me quedo de otra que decirle: “A ver pues dame las pinchis hojas pues (¡yepa yepa!)”.

Estando en Las Vegas me topé, casualmente, con Verónica Castro. La chaparrita iba muy foronda caminando por la calle, sola y con un chingo de bolsitas en la mano. Y como los chaparros causan una muy fuerte impresión en mi, ahí si que enloquecí. Me le quede viendo fijamente sin decir nada y cuando me di cuenta que se estaba alejando de mi le grité como el “Cookie Monster” dice: “¡Galletas!”, yo le grité: “MACUMBA… MACUUUUUMBAAAA tu no lo atraparás”… la pobre puso un carón, me imagino que pensó: “¡Corran por sus vidas!. (Si no saben quién o cómo habla el “Cookie Monster” les recomiendo ampliamente que visiten ésta página a la brevedad: http://www.youtube.com/watch?v=Ye8mB6VsUHw).

Años antes vi a Cristian Castro, también en Las Vegas, saliendo de la tienda de bolsas más caras que se puedan encontrar. Iba con una güera, me imagino que era su novia, y yo iba con mi prima. Cuando lo vi, jalé del brazo a mi prima y le dije: “Gaby por favor no vayas a gritar, ni la vayas a hacer de pedo. Pero va saliendo Cristian Castro es el güero que va allá”… Mi prima gritó como si se hubiera machucado los dedos de la mano y corrió tras él. Afortunadamente no lo alcanzó.

También tuve un encuentro cercano del tercer tipo con Regina Torne, la doña estaba más loca que la chingada. Me hablaba como si estuviéramos intercambiando dialogo en una novela de Epigmenio Ibarra y yo hacia el papel de sus sirvienta:

- Tu ¡muchachita!, tráeme un café.

 - (tono de La India María) Si señora, y cómo le gusta: Negro, con azúcar, con crema…

 - Pero que impertinente eres… ¡asegúrate de que sea café colombiano, no me traigas una corrientada porque no va conmigo!

 - Mmm si como no ahoritita le traigo su café como no (pincheviejacabrona).

 Fui a la máquina vendedora de café y me dieron muchas ganas de echarle tierra, o de perdida la patita de un grillo, pero no lo hice porque no tuve corazón para arrancarle la patita a un grillo inocente. Agarré una taza le eché el café de la máquina, cuando se lo di estaba esperando que me escupiera…

-  Aquí le traigo su coffe and donuts señito (con el mismo tono de La India María).

-  Ahhhhhhjjj este sí es un buen café colombiano, ¡ya vete! porque me estoy arreglando.

Ok… nadie más loco que ella, años después salió el escándalo de que su hija había asesinado a alguien y no se que. La verdad sentí muchísima empatía por la hija.

El mejor y más vergonzoso encuentro fue en el aeropuerto de Monterrey. Estaba haciéndome la fresa por los pasillos del aeropuerto cuando en eso sale mi mamá corriendo, gritando y apunto del llanto y me dice: “Mira Daniela… La Onda Vaselina”.

Además le estaba jalando el brazo a una escuálida, pelirroja de cara bonita, la cual se le trasformó cuando escuchó a mi madre decir “La Onda Vaselina”… La pelirroja sonrió y se soltó graciosamente de las garras de mi madre. Yo como las avestruces con la cabeza metida en un hoyo le dije: “¡Mamá ojalá te calles, son Kabah!”

Daniela Magun… de Kabah sonrió y dijo: “Ajá”…  y se fue. Yo simplemente murmuré: ”Perdónala, no sabe lo que hace”… mi mamá siguió igual de emocionada, valiéndole madre el mundo.

Pensándolo bien ¡qué bueno que no seré famosa!… pero todavía quiero ser rica. ¡Paro alguien, please!

Problemas con la ley

Siendo una adolescente descubrí mi enorme gusto por el alcohol. Mi madre, conociéndome me sentó un día y me dijo (cariñosamente): “Mira hija de la chingada, si un día te agarra la policía y te meten a la cárcel ni me hables… ¡POR QUE NO VOY A IR POR TI!”.  Habiendo escuchado su sentencia sobre la muerte a la tierna edad de 5 años inmediatamente entendí que esto no era una amenaza, si no un hecho. Por lo que pase largos años aprendiendo a evadir encuentros con la ley en un estado etílico inconveniente.

Casi nunca fui una borracha “malacopera”, ni tampoco una “party pooper”… no dudaba en ser la primera en abrir la botella de vodka, bote de cerveza o muy en mis inicios de Caribe Coolers sabor fresa. Y cuando estaba tan borracha que ya no podía ni ver, entregaba gustosamente las llaves a mi amiga más sobria.

Atención: Esto quiere decir que fui una borracha muy responsable. Además de que por una larga temporada en mi adolescencia me tocaba pasar por tooooodas mis amigas, cuidarlas y empezarlas a regañar desde la media noche para llegar a mi casa justo a la 1:00a.m después de haber entregado a 10 cabronas sanas y salvas.

De vez en cuando planeaba mis venganzas y me ponía unas pedas que requerían de las 10 cabronas, antes mencionadas, hicieran equipo para cuidarme. Desafortunadamente nunca fui capaz de olvidar una borrachera, por lo que al otro día si llegaba a preguntar: “¿Qué hice anoche?”. La respuesta era un: “¡No te hagas pendeja te acuerdas perfecto!”.

Pero a mi que me encanta ponerme en situaciones absurdas, mi peor encuentro con la ley fue estando 100% sobria y yo no iba manejando. Un sábado nos habíamos juntado en el depa de una amiga desde muy temprano. Cuando cayó la noche (y se acabaron las Caribes) se nos antojó ir a compararnos unas cahuamas… Y nos subimos las 10 en un carrito sedan. Siendo yo la más alta, no se porqué terminé en la parte de atrás atravesada verticalmente encima de las demás y con la cabeza por fuera de la ventana.

No logramos avanzar ni una cuadra cuando nos cayó la tira. En cuanto el policía vio mi cabeza salir por la ventana escuchamos el “piiiiuuuu” del claxon de la patrulla.

El policía ni ganas de negociar tuvo. Nos detuvo y nos dijo: “A ver me van a tener que acompañar a la  comandancia norte”… Nosotras por nuestros huevos le dijimos que no y nos atrincheramos dentro del carro como por media hora. Pero 10 viejas adentro de un carrito no pueden durar mucho tiempo encerradas.

En el lapso de esa media hora: La que iba manejando le habló a su hermana que es abogada. Todas nos metimos el equivalente a $100 pesos en monedas a la boca, por que supuestamente esconden el olor a alcohol. Unas empezaron a reírse, yo todo lo contrario escuchaba la risa macabra de mi madre que me repetía con eco: “Ahí te vas a quedar… quedar… quedar…”. Y empecé a hacer pucheros.

Finalmente el policía logró arriarnos a la comandancia. Para cuando llegamos yo estaba inconsolable. Lloraba con puchero sostenido y mis amigas no paraban de reírse de mi. Cuando vi que el policía escoltaba a mi amiga a su evaluación etílica con el juez en turno, casi me tiro al piso a berrear.

Como mis amigas reían sin cesar opté por irme a esconder dentro de las oficinas de la comandancia. Con mis quejidos parecía que la llorona había invadido las instalaciones de la comandancia norte y se oía: “Ay mi amigaaaaaaah, mi amigaaaaaah”.

En eso se me acerca un oficial y me dice: “Mijita… tu amiga ya va a salir, no tiene nada de alcohol en la sangre. ¿Por qué lloras?” y yo tomé la misma pose que Scarlett O’Hara en “Gone with the wind” cuando jura que no volverá a pasar hambre. Pero yo le grité: “Mire señor justicia, usted cállese, que por su culpa estoy aquí… y aquí me voy a tener que quedar” (quedaaar quedaaar) .

El policía que no estaba acostumbrado a que los civiles le gritaran, se rio, dio media vuelta y le dijo a su compañero: “¡Está llorando güey!”. Lo peor fue la respuesta que recibió… Su compañero en un tono de duda y con la mirada al horizonte le dijo: “¡Déjala… sus amigas está jugando a la víbora de la mar en el estacionamiento!”.

¡Hijas de su rechingadamadre!

Cuando escuché eso me salí inmediatamente del edificio. “No vaya a ser que nos quieran encerrar a todas, ahora si”, pensé. Mis amigas parecía que estaban hasta la madre de borrachas. Se reían frenéticamente y agarradas de las manos las escuché que cantaban: “Una mexicana que fruta vendíííííííaaaaaa ahhh jajajajaja, una mexiiiiiicaaaaanaaaaaaa, mexicana… ¡¡¡ME- XI-CA- NAH, ME -XI -CA -NAAAAAH!!!”

Encabronada me dirigí a ellas gritando y secándome las lágrimas: “A ver a que horas les dan ganas de callarse pinches locas…” Cuando me vieron con la cara hinchada de tanto llorar, no dudaron en reírse todavía más fuerte. Al mismo tiempo salió mi amiga de su examen con una sonrisa de oreja a oreja, con los ojos evaporados por haberse tragado un paquetito entero de las placas “refrescantes” de Listerine y su hermana nos subió en chinga a todas en 2 carros. Todavía no me daba tiempo de dejar de llorar cuando ya estaba parada en la puerta de mi casa.

Ok, tal vez mentí y no estaba 100% sobria, pero no mames, esa vez sí fui la más sobria. Mira que ponerse a jugar a la víbora de la mar en el estacionamiento de una comandancia mientras la conductora esta siendo evaluada ¡es el colmo! Pero bien dice el dicho: Dios las hace y ellas se juntan.

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De novia

Una vez en cada Luna Azul Dánibal se convierte en Daniela. Dejo toda la histeria detrás, logro concretar las relaciones románticas y me pongo de novia. Quiero creer que soy una novia relajada, divertida y sin muchos pedos… ¡Pero no hay que pedirle peras al Olmo!

En una ocasión me puse de novia con alguien que me llamaba mucho mucho  la atención. Era rockero, tenía tatuajes, carro propio con un sistema de estéreo muy interesante, problemas intensos… y una cabecita de coco.

Todo iba bien, normal… o sea tranquilo. Pasaba por mi, salíamos, era bastante divertido. Un día me informa que se le descompuso el carro y que no iba poder llegar a mi casa. Ok, pensé… “no hay mayor problema luego nos vemos. Que tengas buenas noches y descanses, ¡bye!”

Al paso de una semana, me habló por teléfono para informarme que su carro seguía descompuesto. “Ok, creo que yo puedo poner mi parte en el asunto y yo puedo ir a la visita, en vez de tu venir”. Y así fue… durante 3 semanas me encargué de ser el hombre. Yo manejaba, pasaba por él y también… iba a visita.

Yo puedo ser muy feminista, moderna, progresista… pero de vez en cuando necesito sentir que el hombre en la relación quiera ser parte de la relación. No exijo que tomen el control de las cosas, pero al menos que hagan esfuerzos, sacrificios… que se note su interés. Como buena feminista odio este comentario que acabo de escribir, pero también, muy a veces quiero dejarme llevar y no tener que estar con la guardia arriba todo el tiempo. Entonces… cuando me enteré de que el carro ya servía pero el muchacho disfrutaba de traerme como su pendeja… enfurecí.

Usé varios métodos de relajación, me tumbé el rollo y hablé con él muy seriamente. Le pedí (de muy buen modo) que le echara ganas. Tal vez yo podía cooperar, distribuir los gastos de la gasolina o algo, pero no era todo él o todo yo. Podíamos empezar los dos a estar plenamente invertidos en la relación… Todo quedó en que sí reconocía que se le habían colgado los huevos y se pondría en acción.

Paso una semana y no me hablaba por teléfono. Yo pensaba: “Chingo a mi madre si le hablo yo primero”. DOS, DOS SEMANAS y nada… a estas alturas pensaba: “Puto el que marque primero”. Tres… si así es: TRES semanas y nada. Ya no lo podía creer. Borré su teléfono y me propuse hacerme la furiosa si me marcaba en los siguientes días. Todavía muy dispuesta a seguir de su pendeja. A la cuarta semana ya estaba con el rollo de “solamente a mi me pasan estas chingaderas”. No tenía ni idea de que el asunto estaba por mejorar.

Un día después de 4 semanas me desperté sintiéndome muy “Zen”. Me puse a limpiar mi cuarto, abrí las ventanas para que corriera el aire, puse música para disfrutar de todo el proceso de limpieza y en eso suena mi teléfono. Contesté muy fresca y alechugada:

¿Bueeeeeeenoooooouuuuu?

¡¡¡¡Nada más quiero que sepas que NO TE PUSE LOS CUERNOS, TODO pero TOOOODO lo que te hayan dicho es mentira…!!!!

¿¿¿Bueeeeeenooouuuu??? Quién habla… (en verdad no lo sabía).

Soy yo… el “Cabezadecoco”.

Ahhh… Cabezadecoco, qué onda. ¿Y esoooooo que me marcas…?

¡¡¡PUES ES QUE EN VERDAD YO NO TE PUSE LOS CUERNOS!!!

Ok, mira Cabezadecoco si me los pusiste o no, ese es tu pedo, hace 1 mes que no se nada de ti, yo creo que tu puedes hacer lo que te venga en gana a estas alturas, o sea no necesito tu permiso para darme cuenta de que tu y yo ya no estamos en una relación… ¿Qué no?… Como que después de tanto tiempo…

¡¡¡YO NO TE PUSE LOS CUERNOS!!! (Me interrumpió gritando).

OK… ok… te creo, “no me pusiste los cuernos” ¡F E L I C I D A D E S! ¿y,  qué quieres eh?

Quiero saber… si vamos a volver.

Yo había estado muy Zen hasta ese momento… Mira que hay que ser un hijo de toda su rechingadamadre para sin huevos hablarme por teléfono y hacer una pregunta tan pero taaaan pendeja. Cómo puede creer este cabrón que con una llamada por teléfono puede arreglar cualquier tipo de problema. Detesto deteeeeeesto que alguien quiera arreglar algo por teléfono… ¿Qué le digo… me lo madreo? ¡¡¡PFFFFF!!!

No

¿¿¿NO QUÉ???

No vamos a volver…

¡Pero es que no te puse los cuernos!

Felicidades güey, pero la neta me das hueva, y no, no tengo ganas eh. Así que ponme los cuernos, no hay pedo a estas alturas puedes hacer lo que te de tu chingada gana.

Ok, gracias.

¡Bye!

De veras, yo misma me busco quién me saque el tapón. O de plano Dánibal existe en mi a partir de las situaciones intrínsecas a la vida que… ya ya o sea bola de cabrones de verdad se pasan de lanza.

Yo se que los hombres son de Marte y las mujeres somos de Venus, pero no mames. Seguro el Cabezadecoco le dijo a todos sus amigos que lo traté muy mal, y seguramente ellos se la creyeron… y yo terminé siendo la cabrona. Como diría mi nana Chabela: ¡Qué bonita chingadera!

Comedias románticas

Creo que todas las comedias románticas son una conspiración contra la felicidad de las mujeres como yo en el mundo. Para empezar la pareja principal es bellísima. O sea que ya de entrada el tipo de amor desplegado en esa película no es para gente fea.

Después el hombre siempre dice lo que derrite a todo el público femenino. Aunque sea una pendejada como: “Te amaré por siempre”. Y la realidad es que los chingados hombres (que yo conozco) son mudos… Tal vez sepan hablar pero jamás pronunciarán enunciados como: “Te amaré por siempre”. Y si lo hacen… seguro no tienen el “timing” que se tiene en las comedias románticas.

Lo que me jode más es el sentimiento residual que queda después de ver una de estas películas de que el hombre ideal sí existe y que anda por ahí… simple y sencillamente no me lo he topado. Lo cual es peor que confirmar su inexistencia, por que si sí existe y no me lo he topado: ¿A dónde chingados no he ido? ¿A dónde vergas sí tengo que ir?

Y luego una sale toda sensible de la sala de cine. Vulnerable y creyendo que haciéndose la pendeja y tropezándose va una a encontrar al hombre de sus sueños. Pero ¿adivina qué? No soy una pendeja, soy más bien una neurótica bien hecha y derecha. Me encanta pelearme con la raza de vez en cuando y hacerla de pedo para sacar las curas. No soy una pequeña damisela, indefensa y vulnerable que necesita ser rescatada. ¡Yo se kickboxing! … Por lo tanto esto tampoco me hace candidata a vivir una historia de comedia romántica.

Y sin embargo, ahí voy de pendeja, encantada a sufrir con la última de cualquier actor hollywoodesco con cuerpo de adonis, cerebro de poeta, cara de Dios y gentileza de ángel. Para después salir de la sala a no encontrarme con ni un solo cabrón que tenga todas esas cualidades juntas.

Puede que tenga gentileza de ángel, pero tiene cara de Nosferatu. Tal vez tenga cuerpo de adonis, pero tiene aliento de perro. Probablemente tenga cerebro de poeta, pero también tiene problemas de control de la ira y se convierte en Hulk cada que se enoja. En fin, es una realidad que el paquete completo no existe ni para las mujeres ni para los hombres. Pero chingada madre que vacía me hacen sentir las pinches comedias románticas.

Y pa’ acabarme de chingar y echarle sal a la herida, siempre tiene que ir una pareja enamoradísima a ver la pinche película en la que yo voy con mi coronota de reinapresidentayfundadora de #foreveralone.

No es que jamás haya vivido alguna escena salida de una comedia romántica. Pero el final de mi escena tuvo un final… Dánibalesco.

En uno de mis cumpleaños me mandaron un arreglo de CINCUENTA ROSAS. No una, ni doce. ¡C I N C U E N T A!  (5 – 0). Mis amigas, mi familia y yo nos tomamos fotos con el arreglo como si hubiéramos descubierto un yacimiento de petróleo en el patio de mi casa. ¡El arreglo era del tamaño de la mesa del comedor! Nadie (mucho menos yo) podíamos creer lo que nuestros ojos estaban viendo.

Inmediatamente le hablé al hombre que me había regalado la florería entera. La verdad es que estaba nerviosísima. Cuando te regalan una arreglo de flores das las gracias, pero… ¿Qué haces cuando te regalan todo el chingado invernadero donde las sembraron?

Cuando me contestó inmediatamente escucho el “iiiiiuuuuuu” de mis amigas, no hallaba que decirle y con una vocecita de pendeja dije: “Ay muchas gracias de verdad que… jamás habían tenido un detalle así conmigo” (¿DETALLE?… y jamás lo volverán a tener) .

El muy imbécil nomás se rio y dijo: “Ah que bueno que te gustó”. Así muy casual como si el pendejo regalara  medio centenar de rosas a cada cabrona que se le antojara. Yo medio desconcertada y comenzándome a encabronar le dije, con mi vocecita que usualmente hago en estos casos: “Pues, si quieres venir más tarde a mi casa, va a haber pastel y botanitas”

“Pues a ver si me doy la vuelta” OSEA… ¿A ver? Ok si son un chingo de flores pero que se le quite un poquito lo mamón por favor, qué más quiere que le diga…

El hijo de puta no fue a mi casa y al día siguiente ya arrastrándome por el piso le volví a marcar… no me acuerdo ni que me dijo pero sonaba a que estaba jugando Xbox y lo que yo le decía le valía un pepino… Jamás le di las gracias en persona y cuando lo volví a ver ya se había caducado el tiempo de siquiera hablar del pinche arreglo.

¡Qué final de comedia romántica ni que la chingada! Y se lo que han de estar pensando… “Pendeja: El arreglo no era para ti” ¡CLARO QUE SI ERA PARA MI! , investigué y todo y ¡sí era para mi! Pero el muchachito no supo que hacer después de haber echo tal regalo. Y fingió demencia.

¡Pendejo!

Ni pedo, por eso y algunas cosas que ya he contado y otras que aun me falta por contar, se que cada vez que voy al cine a ver una comedia romántica voy gustosa de la vida a flagelarme como buena masoquista que soy, a llorar a moco tendido y a tomar nota de cómo hacerme la pendeja y tratar de esconder mi bien arraigado neuroticismo.

Una propuesta indecorosa

Dispuesta a terminar con mi soledad decidí que tenía que salir con un hombre. ¡El que fuera! Resultó que el cabrón con el que decidí salir me hizo una propuesta que hasta la fecha no he podido olvidar…

Todo empezó como una apuesta, la cual perdí (siempre pierdo) y el muy hijo de puta me hizo pagar la cena. Esa debió haber sido la primera señal de que este cabrón no me convenía. Pero me deje llevar…

Lo llevé en MI CARRO a dicha cena, esa debió haber sido la segunda señal pero yo estaba cegada por mi insistencia en dejar la soltería. Y lo llevé a cenar unos tacos que fue para lo que me alcanzó.

Durante la cita hubieron cositas que me encabronaron. Fueron señales que yo quise voluntariamente ignorar y todo por que estaba guapo el cabrón en cuestión. Ni modo, soy débil ante una carita bonita.

Pero casi al final de la cena, el muy imbécil comenzó a plantear su propuesta malévola. Lo cual a mi me estaba poniendo muy ansiosa, ese tipo de cosas no me pasan a mi. Generalmente mi papel es el de la “gorditacuidabolsas”, sentadita sola en la última pinche mesa de los antros.

Cabe mencionar que yo tengo unas amigas a las que les pasan cosas maravillosas, como por ejemplo: Que les lleguen propuestas de amor “anónimas” de hombres chulísimos, que se encuentren en Las Vegas a Luis Miguel y las invite a sus fiestas después del concierto, con su respectivo pase para entrar al backstage o ya de perdida que encuentren pareja para ir a una pinche boda… En cambio yo, soy la dueña, presidenta y fundadora de #foreveralone.

El hombre comenzó diciendo: “Daniela, te quisiera pedir algo, pero me da pena”. Y yo pensaba: “ay si, si si si si si si siiiiiiii, ¿qué me irá a pedir? Skinny diping, correr bichis por el monte, fumar mota en el techo de su casa, ponernos un pedon… ya de perdida darme un beso de despedida, alguna aventura fascinante.” Finalmente y con una sonrisita de pendeja en la cara le dije: “Que simple pídemelo, a lo mejor y te digo que sí (Todavía haciéndome la digna)”

“¡Ay! Pues mira… pero si no quieres esta bien, o sea no hay problema. Me dices que no y ya”

Ya súper ansiosa me pasaban mil ideas por la cabeza, ya hasta me estaba dando miedo. Qué tal si me pedía un golden shower, eso si que no pinche bato enfermo, qué le pasa. De que me habrá visto cara, ¡pervertidohijodeputa! Pero traté de calmarme antes de hablar y le dije: “Pues mira tu dime y yo ya sabré…” Pero la verdad es que ya me estaba encabronando.

Todavía que fui por el al pinche culo del diablo, le pago la cena y todavíaaaaaaaaa quiere pedir cochinadas… lo voy a dejar aquí al pendejo y a ver cómo se va a su casa.

Finalmente después de buscar las palabras adecuadas me dice: “Mira, si dices que no ni modo, pero esto es muy especial para mi…”

…”Quisiera saber si mañana puedes ir a … MISA conmigo”

¡Se me cayo la pinche cara!

No se si de vergüenza o de shock.

PERO POR QUÉ, o sea por qué toda la pinche vida me tienen que pasar estas cosas inesperadas a mi. He escuchado de gente que la invitan a irse a la playa, de viaje, les piden matrimonio, incluso piden cualquier perversidad, pero JAMÁS JAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁS había escuchado de alguien a quien la invitaran a ir a misa.

¡¡¡M I S A!!!

Pues de que me habrá visto cara este cabrón, o sea sí, yo fui la que pensó ese montón de leperadas, pero no porque las iba a hacer… al menos no todas.

“M I S A… mmm… mmm ¿Misa? Quieres que vaya a M I S A contigo… ¿mañana?”

“Sí o sea es en sábado por que yo soy de otra religión, pero si no quieres ir no te preocupes, yo entiendo… ¿Tu de que religión eres?

O sea, ya salí con uno que Dios le mandaba mensajes… ¿Qué chingados tengo imán para estos hombres, me veo muy religiosa o puede ser que tal vez es una señal del universo que me dice… ¿quetengoquerezar? ¡Nah!… Cuando le platiqué a mi psicóloga de lo del cabrón esquizofrénico que habla con Dios, casi se tira al piso de la risa… pude ver como le costo trabajo controlarse para no cagarse de risa en mi cara… ESTA historia va a hacer que se haga pipí… no se la voy a contar… me inventaré otro pinche trauma…

Tuve que interrumpir mis pensamientos para contestarle: “Si claro, no te preocupes, ¿a qué horas es?”

“A las 7:00 a.m.”

“Ahhhh perfecto, a las 7. Siiiii con lo que me gusta despertarme temprano”

“¿Entonces, tu pasas por mi?

“Si a las 6:30 en puuuuuuunto”

Cuando lo dejé en su casa, salí rechinando las 4 llantas del carro como sí… me hubiera entrado un terrible torzón estomacal.

Y sí hubiera ido a misa muy contenta pero desafortunadamente iba entrando a mi casa cuando sonó la alarma a las 6:00a.m y todavía estaba ebria de la noche que había tenido.

Digo uno habla con Dios, otro me invita a misa… yo no se…

El teléfono sonó toda la chingada mañana con su nombre en el identificador de llamadas. Y con la cruda que tenía fue castigo suficiente no poder apagar el pinche teléfono y escuchar el puto ¡RING RING! cada 15 min.

¡Nunca lo volví a ver, y cuando lo veía de lejos me escondía!

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