No es que yo disfrute la mentira o tampoco que se me de fácilmente, pero es un misterio. Tal vez, es porque soy capaz de retener en mi cabeza, información que no me sirve para nada: Sabían que una hoja, cualquier hoja, no se puede doblar por la mitad más de nueve veces…
En lo que vuelven los que se fueron a doblar hojas, les confieso que soy muy buena para decir mentirillas. Y estoy convencida que esto se debe a que no todo lo que digo es mentira. El otro día me preguntaron: “¿Cómo se llama la esposa de Michael Jordan?” Y así como si de verdad estuviera cien porciento segura dije: “Juanita”… ¡No Juana: J U A N I T A! Y todavía me la hicieron de pedo porque contesté muy segura. Y digo, ¿entonces para qué me preguntan?
Cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue verificar que fuera cierto, ¡y sí! Sí se llama Juanita. A veces hasta me asusto de mi misma. El pedo es que cuando no se algo también me hago la segura. Un día me llama a la oficina una amiga me dice:
Morra, ¿qué es un Saltimbanco?
Yo inmediatamente me puse cómoda, subí los pies arriba del escritorio y comencé a mecerme en mi silla. Le dije:
“Ah pues mira, un Saltimbanco es una criatura mitológica, la neta no me acuerdo de qué cultura, pero se parece al dragón chino y creo que es de varios colores y se le adjudican poderes mágicos. Si alguna vez te topas con un Saltimbanco tienes asegurada la felicidad por el resto de tus días, incluso, el Cirque du Soleil tiene un espectáculo dedicado a esta criatura… como el Cirque du Soleil es francés, me imagino que el Saltimbanco ha de ser una criatura mitológica europea de esos lares del mundo… y ya te voy a colgar porque tengo que hacer como que trabajo.”
La muy ingenua todavía me dio las gracias y me dijo que los niños de su clase le habían preguntado y que al rato les platicaba la historia que le acababa de contar… Al rato me dio en cara que no estaba tan segura de todo lo que le había dicho y me puse a buscar en Wikipedia. Encontré que un Saltimbanco era en realidad un tipo de merolico italiano. Le hablé inmediatamente para leerle lo que había encontrado.
Después de haber enmendado mi error todavía me la hizo de pedo por mentirosa. Me dijo que jamás me volvería a creer nada de lo que yo le contara… me pregunto qué dirá cuando se entere de que un Saltimbanco tampoco se trata de un merolico. Y que en realidad es un Saltimbanqui el que viene del italiano “saltimbanchi”, que es una palabra formada a partir de la expresión “salta in banco” (salta sobre un banco) que hace alusión a los feriantes o cómicos “de la legua” que andaban de pueblo en pueblo con un banquito sobre el que hacían sus juegos y acrobacias. O sea, mentira, lo que se dice mentira… pues no fue exactamente lo que hice, pero tampoco le dije la verdad completa. Creo que va a seguir sin creer nada de lo que yo diga.
¿Y qué paso con la dobladera de hojas, pudieron más de nueve veces?